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¿Pueden celebrarse contratos por medio de emoticonos?

3/6/17

 

¿📃🤝🍾=👩🏻‍⚖️?

 

Los emoticonos, esas simpáticas imágenes o símbolos utilizados para representar emociones, sentimientos, actividades, alimentos, animales, ocupaciones y otros elementos de la vida cotidiana se han convertido en una nueva herramienta de nuestro lenguaje, al punto que, prácticamente todas las aplicaciones tecnológicas de comunicación los han incorporado.

 

Unicode Consortium es la organización encargada de administrar el estándar Unicode, utilizado para la codificación de caracteres para visualización de textos de múltiples lenguajes. Precisamente, dentro de tales caracteres se han incorporado los emoticones, cuya regulación está a cargo de un comité específico dentro de Unicode Consortium. Dicho comité es el encargado de aprobar la incorporación de nuevos emoticones, un elemento que ha adquirido gran relevancia llevando incluso a solicitudes públicas muy diversas para la incorporación de nuevos emoticonos, como lo sucedido con el caso de la paella.

 

El Derecho no es ajeno a las nuevas tendencias de la tecnología, y el uso cada día más frecuente de los emoticonos como medio de comunicación implica la necesidad de valorar su aplicación en distintos ámbitos de interés para el Derecho, tema que  Eric Goldman ha analizado en un interesante estudio. Uno de estos impactos es su utilización como expresión de voluntad en la contratación entre particulares, situación que podría presentarse en cualquier parte del mundo y que vamos a ilustrar con un reciente caso ocurrido en Israel.

 

El caso en cuestión. Un propietario tiene anunciado un inmueble de alquiler en una plataforma digital, y entra en comunicaciones por medio de mensajes de texto con una pareja interesada en alquilar el inmueble. Entre las comunicaciones intercambiadas, la pareja le envía el siguiente texto en hebreo:

 

 

«Buenos días 😊 Interesado en la casa 💃🏻👯✌️🐿🍾 Sólo necesitamos discutir los detalles… ¿Cuándo es un buen momento para usted?» (Traducción libre de la versión en inglés disponible en este enlace).

 

El propietario alegó que, en virtud de este mensaje, decidió sacar el inmueble del mercado bajando el anuncio de la plataforma digital. Continuaron las comunicaciones entre las partes, sin embargo, posteriormente la pareja simplemente dejó de contestarle, por lo que se vio obligado a volver a subir el anuncio al mercado y finalmente encontrar otro inquilino. No obstante, el propietario demandó a la pareja ante una corte de reclamaciones de baja cuantía, en donde su reclamación fue declarada con lugar con una condena por responsabilidad civil a la pareja de potenciales inquilinos ordenando el pago de $2,200 (la mitad del monto originalmente reclamado) por concepto de daños ocasionados al propietario.

 

Dentro de los argumentos esgrimidos por el juez, se incluyó un análisis bastante detallado del significado de los emoticonos utilizados por los demandados, llegando a concluir:

 

«Este es el lugar para referirse una vez más a los símbolos gráficos (iconos) enviados por el Demandado 2 al Demandante. Como se ha dicho, bajo estas circunstancias no indican que las negociaciones entre las partes hayan madurado en un acuerdo vinculante. Sin embargo, los símbolos enviados apoyan la conclusión de que los demandados ​​actuaron de mala fe. De hecho, las formas de expresión de las partes para negociar pueden adoptar formas diferentes, y hoy, en los tiempos modernos, el uso de los íconos «emoji» también puede tener un significado que indica la buena fe de las negociaciones. El mensaje de texto [emoji] enviado por el Demandado 2 el 5 de junio de 2016, estaba acompañado de bastantes símbolos, como se mencionó. Éstos incluyeron un «smiley», una botella de champán, figuras bailando y más. Estos iconos transmiten gran optimismo. Aunque este mensaje no constituía un contrato vinculante entre las partes, este mensaje naturalmente desarrolló gran confianza del Demandante en el deseo de los demandados de alquilar su apartamento. Como resultado, el Demandante eliminó su anuncio en línea para alquilar su apartamento. Incluso al final de las negociaciones, en los mismos mensajes de texto enviados al final de julio, el Demandado 2 utilizó símbolos sonrientes. Estos símbolos, que convencían a la otra parte de que todo estaba en orden, eran engañosos, desde que a ese momento los demandados ya tenían grandes dudas sobre su deseo de rentar el apartamento. Esta combinación – íconos festivos al inicio de las negociaciones, que crearon gran confianza en el actor y esos símbolos sonrientes al final de las negociaciones, engañaron al demandante a creer que los demandados estaban aún interesados en su apartamento – soportando la conclusión de que los demandados actuaron en mala fe en las negociaciones.»

 

En ordenamientos jurídicos del Derecho Civil o Continental, una solución similar sería probable. Nuestro sistema obliga a las partes a respetar el Principio de buena fe en todas las fases de la contratación, incluso en las fases previas. Este requisito es distinto en las jurisdicciones del Common Law, en donde en la fase precontractual se considera como eminentemente adversarial y no sujeta a dicha condición. En cualquier caso, una frustración abrupta e injustificada de las negociaciones tendientes a la concreción futura de un contrato puede dar lugar a responsabilidad civil extracontracual, por medio de la denominada culpa in contrahendo, siempre que se actúe con dolo, debiendo la parte que actuó de esa forma reparar los daños ocasionados que se deriven de un nexo de causalidad.

 

Más allá de la solución jurídica del caso concreto, lo relevante de este antecedente es la aceptación por parte de una autoridad jurisdiccional de un emoticono o un conjunto de ellos, como forma de manifestar la voluntad de una persona. Considero que sí es válido considerar un emoticono como exteriorización de la voluntad. Siguiendo al profesor Diego Baudrit: «La forma -de la voluntad- es el conjunto de esos signos sensibles por medio de los que se manifiesta el consentimiento de los contratantes.» En nuestro sistema, la forma en que se deba exteriorizar la voluntad para que sea percibida por las partes o terceros es libre -salvo lo relativo a los denominados contratos solemnes-, por lo que podría manifestarse perfectamente por medio de un emoticono.  Sin duda, los usos y las costumbres juegan un rol determinante en la fijación del alcance y el sentido que se le puede dar a los emoticonos, ya que no todas las personas interpretan su significado de igual forma labor -si se quiere sociocultural- que deberá recae en el operador jurídico -juez o árbitro- en cada caso concreto.

 

 

 

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