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¿Llegará Uber a Costa Rica en 2015?

Uber es sin duda una de las startups más disruptivas de todos los tiempos, y por eso es una de mis favoritas. Su ingreso a los distintos mercados suele ir aparejado de polémica, sobre todo porque obliga a los gremios de transporte público –especialmente taxistas- a salir de su zona de confort. En París, España, México y Colombia, el ingreso de la compañía ha sido de todo menos pacífico, y esa polémica ha sido parte de su éxito.

¿Qué es Uber? Es una plataforma digital que, por medio un app, permite satisfacer una demanda de transporte por medio de conductores independientes que se registran en la aplicación. Utilizando sistemas de geolocalización, la aplicación registra su ubicación e identifica conductores registrados que estén cerca a fin de que presten el servicio. El cobro se carga a la tarjeta de crédito que usted registró al inscribirse en la aplicación, por lo que no media un pago directo al conductor, sino que Uber se encarga de pagarlo según tarifas por minuto o por coste fijo en caso de trayectos predeterminados. Originalmente, el servicio de transporte estaba limitado a cierto tipo de unidades “Uber Black”, orientados al consumidor de lujo. Sin embargo, en la actualidad en algunas ciudades se ofrece el servicio “Uber X”, en donde prácticamente cualquier persona puede registrarse como proveedor de servicios de transporte siempre que el vehículo cumpla determinadas características. Debe tenerse presente que Uber no es una empresa de transporte, como usualmente se malentiende, muestra de ello es que no tiene vehículos.

Parte de lo que contribuye a la imagen “cool” de Uber es su origen. Se trata de una startup nacida en San Francisco (aunque opera por medio de una sociedad holandesa, y su contrato se rige por la ley de dicho país) que recibió inversión por medio de capital riesgo de empresas como Google Ventures, y que hoy tiene un valor superior a los 18 mil millones de dólares. Opera en 45 países, y en Centroamérica desembarcó a inicios del 2014 en Ciudad de Panamá, en donde opera sin mayores problemas regulatorios.

¿Es legal? En el año 2011, con una clara e injustificada limitación a la libertad de empresa, se aprobó la Ley 8955, que reformó la figura del porteo contenida en nuestro Código de Comercio, a fin de excluir el transporte de personas y por ende erradicar la figura del taxista “pirata”, lo cual todos sabemos no se logró. Se creó un “servicio especial” que consiste en transporte limitado, residual y dirigido a un grupo cerrado de personas. Este tipo de servicio no requiere una concesión como la que requiere un taxi, pero que sí requiere un permiso emitido por el Consejo de Transporte Público, que como es de imaginar no es otra cosa más que una pesadilla burocrática muy lejana del marcado carácter de innovación que pretende Uber, sin embargo, tampoco es imposible que los conductores que Uber reclute logren conseguir los permisos requeridos, o que Uber entre en un joint venture con un partner local que ya cuente con ellos. Sin embargo, dudo mucho que Uber esté interesado en hacerlo por dos motivos: a) No es su modelo de negocio, b) Este es un mercado muy pequeño como para que les interese cambiarlo.

Al no ser una empresa de transporte, las actividades de Uber son completamente lícitas, pero el problema podría ser para los conductores independientes que brinden el servicio, ya que el MOPT al parece interpreta que cualquier persona que transporte a otra a cambio de un precio debe contar con una licencia de taxi o de servicio especial. En mi criterio, esto no es siempre así, y si bien el artículo 2 de la Ley 8955 crea el «servicio especial», este no necesariamente calza con los supuestos del servicio que se contrata por medio de Uber, entre otras razones porque no media un cobro directo del transportista al usuario, que al parecer es el hecho generador de la regulación.

¿Es necesario regularlo? Yo creo que en definitiva no. No veo porqué el Estado tiene que regular una relación contractual completamente privada que en nada le afecta y donde no hay intereses públicos en juego. Sin embargo, una regulación básica podría ser una solución intermedia, y fue lo que hizo el Gobierno de la Ciudad de México a inicios de julio del 2015, al imponer unas regulaciones básicas a los conductores, a las unidades, y desde luego, fijar un impuesto. Uber lo aceptó a regañadientes, pero lo aceptó. Ha sido el primer caso de regulación del servicio, y aunque en mi criterio no se justifica y constituye una limitación a la libre empresa, es mejor que prohibirlo completamente.

Oponerse a Uber es lo más parecido a lo que hacían los luditas en el Siglo XIX al romper las máquinas alegando que destruían empleos. Sin duda el gremio de taxistas puede dificultarle la vida a Uber en Costa Rica, y el propio Estado si así lo quiere, pero no lo podrá hacer por mucho tiempo. Uber, Airbnb, Bla Bla Car, y todos los nuevos modelos de negocios son realidades que, nos gusten o no, han llegado para quedarse.

* Las imágenes han sido tomadas de Internet y se utilizan sin fines de lucro.

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