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Game of Drones: Entre la seguridad y la innovación

* Artículo redactado para los amigos de FIRMA, y publicado en su Edición Abril 2017.

Se estima que el mercado de drones recreacionales llegará a los 4000 millones de dólares en los próximos 5 a 10 años. El aumento en el uso de drones con fines recreacionales y comerciales se debe, en buena medida, a su comercialización masiva y precio relativamente accesible, factores que han permitido que empresas, organizaciones y particulares se interesen en esta tecnología para usos muy variados: vigilancia, comunicación, construcción, atención de desastres, investigación científica, topografía, agricultura, entre muchos otros.

Como en otros casos que se encuentran en la intersección entre la tecnología y el derecho, los drones han tomado a los abogados y a los reguladores por sorpresa a nivel mundial. Las regulaciones que tímidamente comienzan a surgir en distintas jurisdicciones lo hacen tiempo después de que los drones circulan por nuestros cielos, y dejan en evidencia la falta de coordinación e intereses contrapuestos entre los innovadores tecnológicos y los operadores del derecho que elaboran las regulaciones a este fenómeno.

En Costa Rica, el Consejo Técnico de Aviación Civil (CTAC) emitió en febrero de 2017 una muy esperada directiva operacional sobre el uso de drones. Si bien la directiva representa un esfuerzo regulatorio importante y no prohíbe el uso de los drones, establece unos requisitos y costos tales que desalientan su cumplimiento y probablemente harán que la operación de estos artefactos apegada la legalidad sea la excepción, sobre todo si se toma en consideración que sólo durante el mes de diciembre de 2015 se importaron al país 3571 drones.

Además de reglas de seguridad necesarias que procuran que los drones se operen lejos de personas, edificios y aeropuertos, la directiva establece que quien opere un drone promedio (menos de 25kg) haber concluido la secundaria, certificarse como piloto ante un certificador previamente autorizado, tomar un curso para tal efecto, contar con un dictamen médico, obtener un seguro de responsabilidad civil, gestionar una licencia de piloto, rotular el dron con una placa que permita la identificación de su propietario y cumplir un proceso de homologación de las bandas  de uso libre ante la Superintendencia de Comunicaciones (SUTEL).

Tomando en consideración que un dron de este tipo se puede comprar por internet desde $600 y recibirlo en un par de semanas en Costa Rica, pareciera que el tiempo y el costo regulatorio no guarda ninguna proporción con la oferta del mercado y surgen serias dudas de cómo las autoridades podrán fiscalizar su cumplimiento y los esfuerzos y recursos administrativos que tendrían que destinarse para ello.

El hecho de que los drones vuelen es sólo una parte de los retos que su regulación trae aparejada. El problema es que, además de volar, graban audio y video, pueden ser equipados con tecnología de reconocimiento facial, pueden rastrear personas u objetos, pueden reconocer matrículas de vehículos, pueden contener equipos de radiofrecuencia, sensores ópticos, escáneres infrarojos, y en general, tecnología de punta cada día más accesible que pone en riesgo la privacidad de las personas. Además, por su tamaño suelen ser difícilmente detectados, y de hacerlo, no se sabe quién los está operando, lo que trae aparejado un problema de trasparencia con su utilización.

No obstante lo anterior, la directiva contiene escasísimas normas en materia de privacidad y protección de datos que, además, evidencian la inexistente coordinación entre el CETAC y la Agencia de Protección de Datos de los Habitantes (PRODHAB), órgano competente para conocer cualquier violación relacionada con el mal uso de los datos personales, dentro de los que se incluye su imagen.

Pese al título de este artículo, los drones no son un juego. Si bien una regulación laxa puede conllevar usos abusivos, su regulación excesiva también puede convertirse en una barrera a la innovación, por lo que debe encontrarse un equilibrio regulatorio adecuado. No estamos en capacidad hoy día de visualizar todos los usos que los drones podrán tener en el futuro, ni todos los retos legales que podrán traer aparejados, pero lo cierto es que si los abogados queremos aportar respuestas reales a los retos que la tecnología trae aparejada, debemos comenzar por proponer soluciones innovadoras y flexibles. De otra forma, los drones volarán tan alto que las regulaciones no los podrán alcanzar.

 

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