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Cuba: ¿Llegar primero o saber llegar?

Los inversionistas interesados en hacer negocios con la mayor de las Antillas deben prestar atención a los detalles. El ambiente de negocios en Cuba es complejo, y el potencial inversionista debe tomar en consideración diversos aspectos.

 

El pasado 29 de mayo de 2015 la Secretaría de Estado de los Estados Unidos anunció el retiro de Cuba del listado de estados que apoyan el terrorismo, y con ello el estigma que ello conlleva. Así, se cumple un nuevo hito en el proceso iniciado en diciembre de 2014 para el levantamiento del embargo económico contra la Isla. No obstante, lo que sigue es quizá el camino más largo e incierto, ya que se requerirá de aprobación del Congreso de los Estados Unidos para dejar sin efecto las leyes Torricelli y Helms-Burton, relativas al embargo.Expertos han manifestado dudas sobre la viabilidad política de estas reformas en el Congreso, y vaticinan que en cualquier caso su discusión podría quedar postergada para el próximo gobierno.

Independientemente del estado de la situación, las noticias relativas al embargo han generado un gran interés en Latinoamérica, en especial en lo relativo a las oportunidades y retos comerciales que la apertura podría acarrear. Sin embargo, y pese a que todos quieren llegar primero, el ambiente de negocios en Cuba es complejo, y el potencial inversionista debe tomar en consideración varios aspectos que usualmente no revisten mayor problema en otros países de la región.

Lo primero que debe analizarse es que, si bien el embargo económico es una medida unilateral del gobierno de los Estados Unidos, el hecho de que las limitaciones para hacer negocios en la isla continúen vigentes para empresas estadounidenses puede tener implicaciones para las empresas o inversores centroamericanos, ya que la legislación sanciona tanto a las empresas norteamericanas que hagan negocios con empresas cubanas, como con empresas de otras jurisdicciones que a su vez tengan relaciones con Cuba, se presten para de alguna forma burlar los efectos del embargo, o “trafiquen” con propiedades norteamericanas confiscadas en Cuba. De esta forma, en este momento, establecer relaciones comerciales con empresas cubanas puede poner en riesgo la relación con empresas norteamericanas, e incluso dar pie a una investigación por parte de la Office of Foreign Assets Control (OFAC). Conviene recordar que si bien el comercio centroamericano con Cuba ha sido muy limitado, otros países como Brasil, China y España mantienen dinámicas relaciones económicas con Cuba desde hace décadas.

En segundo lugar, debe tomarse en consideración que en Cuba, el Estado controla todos los sectores de la economía, y aunque no sea enteramente claro en algunas ocasiones, el Estado participa de alguna forma en todas las empresas y servicios, incluyendo los legales. Esta incertidumbre sobre el control estatal es compleja de administrar para efectos, por ejemplo, de normas de cumplimiento o anti-corrupción, que contienen disposiciones especiales y más estrictas con relación a funcionarios estatales o participación de entes estatales en nuevos negocios. A esto se le suma la limitada información disponible al público en medios de consulta como Internet, prensa o registros públicos.

Las limitaciones a la circulación del dólar introducen una complejidad adicional, ya que el Gobierno cubano cuenta con divisas internacionales limitadas, lo que dificulta el pago a los proveedores de bienes o servicios del Gobierno o sus empresas. Por este motivo, muchos bienes son usualmente adquiridos con plazos de pago de 360 días, lo que obliga a realizar operaciones de factoreo asumiendo el pago de una comisión. Si bien la moneda oficial es el peso cubano, éste es utilizado únicamente por la población local, siendo que los precios de las operaciones internacionales suelen fijarse en pesos cubanos convertibles (CUC). Las empresas no cuentan con divisa extranjera, cuya asignación para el cumplimiento de obligaciones internacionales deben solicitar al Gobierno, lo que complica los pagos. Si bien recientemente se permitió el uso de tarjetas de crédito de operadores norteamericanos como Visa o Mastercard, lo cierto es que en Cuba el uso del dinero plástico es limitado, poco difundido y poco aceptado en los comercios locales.

Por último, de llegarse a levantar el embargo, y con él las restricciones al turismo norteamericano, es de prever un boom turístico significativo, y con él, un interesante mercado de bienes raíces que desde ya se presta para la especulación. Pero la tenencia de propiedad en Cuba es quizá uno de los temas que cuenta con más limitaciones por las disposiciones propias de la legislación cubana que exige que los inmuebles sean propiedad de cubanos. Esta situación ha llevado a la práctica de utilizar testaferros que figuran formalmente como propietarios de los inmuebles adquiridos por extranjeros, con los riesgos jurídicos que esa situación puede traer aparejada al inversionista.

Cuba sin duda es un paraíso de oportunidades para la inversión, y será un mercado de 11 millones de habitantes muy interesante para Centroamérica, pero se debe actuar con aún más cautela por las particularidades propias de Cuba. Una adecuada investigación de mercado, una debida diligencia exhaustiva y una buena asesoría permitirán tomar mejores decisiones.

Al final de cuentas, no se trata de llegar primero, se trata de saber llegar.

*Artículo publicado en la Revista Estrategia & Negocios.

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