Abogacía 2.0

Si, como en la gran saga cinematográfica de Steven Spielberg “Back to the Future” los viajes en el tiempo fueran reales, si un viajero del Siglo XIX nos visitara hoy encontraría una realidad muy distinta a la que conoce, salvo que por algún motivo decida ir a un juicios, en cuyo caso sentirá que el tiempo no ha pasado o que ha pasado muy poco.

La abogacía ha sufrido modificaciones en las décadas recientes, sobre todo por la incorporación de las computadoras y el Internet, no obstante, el Derecho se ejerce de un modo bastante similar cuando menos en los últimos 200 años. En las universidades no es frecuente que se enseñe a los abogados a buscar respuestas innovadoras o alternativas, sino al contrario, se enseña a memorizar soluciones ya pre establecidas en las leyes y codificaciones, muchas de ellas incluso, provenientes desde el Imperio Romano.

El razonamiento del abogado tiende a ser estático, en especial porque las leyes, su principal herramienta, son igualmente estáticas. Se considera que la ley es un instrumento creado para trascender en el tiempo, con soluciones que se mantengan vigentes durante cientos de años, como ha sucedido por ejemplo con el Código Napoleón, cuyas disposiciones siguen estando presentes en la mayoría de las legislaciones de origen latino, y el mismo Napoleón decía que viviría eternamente. Estas características del abogado, y esta forma de enseñar y ejercer el Derecho está condenada a sufrir transformaciones drásticas en los próximos años, principalmente por el surgimiento de nuevas tecnologías que han permitido el desarrollo de nuevos modelos de negocios e incluso de una nueva economía: la colaborativa.

El desarrollo tecnológico avanza a un ritmo tal que el Derecho no logra alcanzar, y los abogados, que usualmente también son los principales autores de las legislaciones, no dan soluciones a los retos de una nueva economía. Las regulaciones al uso de drones, a los vehículos autónomos, a plataformas de transporte como Bla Bla Car, Uber o Cabify, o de alojamiento como Airbnb, la impresión digital de armas, son solo algunos ejemplos de nuevas realidades que, si el Derecho no logra regular de manera efectiva, deberán ser reguladas por la propia tecnología. El valor agregado que aportan los abogados a la economía debe reconfigurarse, o de otra forma será una profesión destinada a reducir su influencia considerablemente. La firma electrónica, por ejemplo, ya permite certificar la identidad de una persona sin necesidad de un notario, y un software relativamente sencillo puede elaborar contratos a la medida si cuenta con la información requerida.

La inteligencia artificial representará todo un reto, incluso ya existe un software que, haciendo un análisis de precedentes judiciales, predice  cómo resolverá la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos un determinado asunto con un grado de fiabilidad asombroso y en pocos segundos. Probablemente, herramientas similares permitirán en unos pocos años que ciertos asuntos puedan ser juzgados por máquinas que harán una aplicación más exacta de la ley y la jurisprudencia de lo que un juez de carne y hueso puede hacer hoy día. ¿Qué están aportando los abogados a la revolución tecnológica? ¿Cuál es el futuro de la profesión? ¿Cómo van a desarrollarse regulaciones eficientes que no representen barreras a la innovación? ¿Cómo utilizan y cómo deberían estar utilizando los abogados la tecnología? Estos son algunos de los temas propios de la intersección entre el Derecho y la Tecnología que serán tratados el 14 de febrero en San José, en un evento organizado por ICC-YAF y Legal Hackers Costa Rica. Más información en este enlace.